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| Imagen sintética |
El dinero,
distinguiéndolo de cualquier otro bien, tiene la peculiaridad de que puede
permanecer aparentemente intacto mientras pierde parte de aquello para lo que
fue creado. Un billete de cien euros sigue siendo un billete de cien euros
dentro de diez años, y el saldo de una cuenta bancaria puede mostrar
exactamente la misma cifra; sin embargo, con ese dinero quizá sea posible
comprar muchos menos alimentos, pagar menos meses de alquiler o adquirir una
parte más pequeña de una vivienda. Es decir, la cantidad no ha cambiado, pero
su valor económico sí.
Esta es la
esencia de la degradación monetaria, un fenómeno que afecta al ahorro, modifica
la distribución de la riqueza y condiciona las decisiones financieras de
familias, empresas y gobiernos. Su principal particularidad es que no siempre
produce una pérdida visible, no hay necesariamente una quiebra, ni una factura
extraordinaria, ni siquiera una retirada de dinero de la cuenta. El deterioro
se manifiesta en la pérdida progresiva de capacidad adquisitiva.
