![]() |
Foto by pixabay.com |
![]() |
Foto by pixabay.com |
![]() |
Foto by pixabay.com |
La ley del
mínimo esfuerzo se basa en la facilidad que tenemos para intentar obtener el
máximo beneficio utilizando el menor tiempo y esfuerzo posible. Si en la
antigüedad, el invento de la rueda transformó la forma de hacer las cosas,
ahora llega la Inteligencia Artificial (IA) con plena predisposición a cambiar
el mundo. Los que quieren construir la máquina del dinero descubren que la
tecnología no siempre funciona según lo previsto y, de momento, no son capaces
de batir al Mercado porque las finanzas tienen sus propios retos.
La quimera de
todo inversor es elegir los activos financieros más rentables con el fin de
batir al Mercado. Y aquí entra un nuevo actor: la Inteligencia Artificial, que
por ahora tiene pendiente la capacidad de construir una cartera de inversión
que roce la perfección. En otros ámbitos, la IA está dando muy buenos
resultados, pero no así en la rentabilidad que es capaz de conseguir para las carteras
de inversión. En finanzas se puede tener mucho éxito con sólo ser un poco mejor
que el 50%. Por esta razón, los defensores de la IA no persiguen grandes
rentabilidades, sino que les basta con conseguir una ligera ventaja con
respecto a la mayoría. La IA será usada para que los ordenadores se entrenen
con cantidades ingentes de datos para llevar a cabo tareas concretas. Este
aprendizaje intentará conocer todos los patrones del Mercado para decidir
cuándo es el momento más idóneo para ejecutar una operación. De esta forma, la
IA se da por supuesto que revolucionará el mundo de la inversión.
![]() |
Foto by pixabay.com |
La mayoría de
los activos financieros tributan en la base del ahorro del IRPF a un tipo
marginal que oscila entre el 19% y el 28% (19% hasta 6.000€, 21% entre 6.000€ y
50.000€, 23% entre 50.000€ y 200.000€, 27% entre 200.000€ y 300.000€ y 28% a
partir de 300.000€). Hacienda hace distinción entre rendimientos del capital
mobiliario y ganancias y pérdidas patrimoniales, pudiéndose compensar por
separado y después entre sí, dentro de unas normas y límites establecidos, de
tal forma que las minusvalías obtenidas se pueden compensar con las plusvalías
porque únicamente se tributa por las ganancias reales.
Las finanzas forman parte de la vida de toda persona para cualquier actividad que desee realizar. Siempre ha sido necesario conocer a fondo la situación financiera familiar, pero, en el fondo, todo depende de la capacidad de manejar las finanzas personales. En el caso de que esta actividad no sea posible realizarla por nuestros propios medios, no solo por la variedad de posibilidades, sino por el esfuerzo que implica la planificación y la monitorización del dinero constantemente, existe la figura del asesor financiero. Pero, la tecnología también ha llegado al mundo de la inversión de la mano del “Robo Advisor” o Asesor Robotizado.
Un Robo Advisor es un servicio de gestión financiera
automatizada. Las inversiones son seleccionadas por una máquina en base a unos
algoritmos previamente programados según el perfil de riesgo del cliente,
sustituyendo, en gran medida, al asesor financiero tradicional. Paralelamente,
un equipo de personas es el encargado de seleccionar los activos financieros
que van a formar parte de cada estrategia, que serán las que nutran de
información al Robo Advisor para que cree las diferentes carteras de inversión ajustadas
a cada perfil de riesgo. Este
enfoque combina la tecnología avanzada con estrategias de inversión para
ofrecer asesoramiento financiero automatizado y accesible. En esencia, utiliza
algoritmos y software para analizar la información financiera de los clientes
y, en función de sus objetivos y tolerancia al riesgo, recomienda una cartera
diversificada de inversiones. Estas carteras suelen incluir una mezcla de acciones,
bonos y otros instrumentos financieros.
Foto by pixabay.com |
La historia
es cíclica y se repite cada cierto tiempo, pero en diferente estrato. Y esto no
es nuevo, ya en el Génesis 41 se narra cómo después de siete años de abundancia
vendrán otros siete de hambruna. Pero tampoco hay que remontarse a la
antigüedad para ver situaciones parecidas y que se repiten de nuevo ahora. Me
estoy refiriendo a los años 70 del siglo pasado, cuando la estanflación hizo
acto de presencia arrasando la economía y con ella los Mercados Financieros.
El debate entre los partidarios de la Gestión Activa y la Gestión
Pasiva siempre está abierto, discutiendo si merece la pena que el inversor se
desgaste en encontrar los mejores valores para su cartera, o si es preferible
asumir que no se van a mejorar los resultados del Mercado si se dedica a
invertir en carteras que repliquen un simple índice.
Los defensores de la Gestión Activa basan su argumento en
que se pueden obtener mejores resultados que los índices cubriendo con creces
los sobrecostes, ofreciendo un beneficio en términos de plusvalías a los
inversores. Por el contrario, los defensores de la Gestión Pasiva basan su
argumento en la dificultad de encontrar activos que sean capaces de superar el
rendimiento que ofrecen los índices a los que pertenecen, por lo que no vale la
pena pagar ciertos costes innecesarios para el inversor.
Aunque la filosofía de inversión de ambos productos es
contraria, son capaces de complementarse a la hora de obtener los mejores
resultados, teniendo en cuenta que las carteras pueden estar formadas tanto por
activos bursátiles como por fondos de inversión.