Existen
decisiones financieras que parecen poco trascendentes cuando se toman, pero
cuya importancia solo se comprende plenamente cuando surge un problema serio.
Contratar un seguro es una de ellas debido a que su verdadera utilidad es mucho
más importante desde el punto de vista económico. No sirve para evitar un
incendio, un accidente de tráfico o una enfermedad inesperada, pero está
diseñado para impedir que un acontecimiento desafortunado arrase el patrimonio
construido durante años de esfuerzo y ahorro.
Pese a ello,
sigue siendo frecuente cometer un error que puede resultar costoso. A la hora
de contratar un seguro, muchas personas centran casi toda su atención en la
prima anual, como si el precio fuera el único elemento relevante. Sin embargo,
el precio es solo la consecuencia visible de algo mucho más importante. Lo que
realmente determina la calidad de un seguro son sus coberturas, sus límites,
sus exclusiones y las condiciones bajo las que responderá cuando llegue el
momento de hacerlo.














