El libro La estrategia de las Tortugas, de Curtis M. Faith, ocupa un lugar destacado dentro de la literatura financiera. No encaja (del todo) en la categoría de manual técnico ni responde al esquema clásico de una autobiografía, es, más bien, el testimonio directo de uno de los experimentos más llamativos del trading moderno, acompañado de una reflexión honesta sobre cómo se forma un operador en los mercados.
El origen del
nombre no es casual y aporta una clave interesante para entender el espíritu
del experimento. A comienzos de los años ochenta del siglo pasado, Richard
Dennis lo tomó de un viaje a Singapur, donde visitó una granja de tortugas.
Aquella imagen le sirvió para expresar la idea de que del mismo modo que esos
animales podían criarse de forma sistemática, también un trader podía formarse
desde cero si se le proporcionaban las reglas adecuadas. A partir de ahí, el
nombre quedó fijado. El éxito en los mercados no depende tanto de cualidades
innatas como de un proceso bien aprendido y, sobre todo, bien ejecutado.
Richard
Dennis y William Eckhardt se plantearon si un trader nace con talento o si
puede formarse desde cero y decidieron comprobarlo de la forma más directa
posible. Seleccionaron a un grupo de personas sin experiencia y, tras un breve
periodo de formación basado en reglas muy concretas, los lanzaron al mercado. Aquellos
perfiles corrientes pasaron a gestionar capitales importantes y obtuvieron
resultados sobresalientes durante varios años. Faith fue uno de ellos: con
apenas diecinueve años ya manejaba millones y acumulaba beneficios que, para la
mayoría, quedarían fuera de su alcance, incluso tras toda una vida de
inversión.














