1 de julio de 2026

El mito y la realidad del Homo Economicus

Imagen sintética

En los últimos años ha vuelto a popularizarse una expresión clásica de la teoría económica. El llamado Homo Economicus aparece con frecuencia en artículos, debates académicos y conversaciones sobre dinero. Se presenta como una especie de ideal racional del comportamiento humano en materia económica. Un individuo que toma decisiones calculadas, que busca maximizar su bienestar material y que evalúa cada elección con fría lógica.

La idea, que no es nueva, surgió en el siglo XIX dentro de la economía clásica y neoclásica como una simplificación útil para estudiar el comportamiento de los mercados. En esencia, el Homo Economicus sería una persona perfectamente informada, capaz de comparar todas las alternativas disponibles y de elegir siempre la que le reporta mayor beneficio. No actúa por impulsos ni por emociones y tampoco se deja arrastrar por modas ni por presiones sociales. Cada decisión responde a un cálculo racional de costes y beneficios.

Desde el punto de vista teórico, el concepto tiene una utilidad evidente ya que permite construir modelos económicos claros y predecibles. Si los individuos buscan sistemáticamente maximizar su utilidad, entonces se pueden analizar las decisiones de consumo, ahorro o inversión con cierta coherencia lógica. Gran parte de la teoría microeconómica moderna se apoya, en mayor o menor medida, en esta premisa.