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| Imagen sintética |
Hoy, hablar
de ETF es hablar de inversión indexada, bajos costes, diversificación
global y acceso democratizado a los mercados. Pero para entender su
verdadero papel conviene mirar atrás.
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Hoy, hablar
de ETF es hablar de inversión indexada, bajos costes, diversificación
global y acceso democratizado a los mercados. Pero para entender su
verdadero papel conviene mirar atrás.
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| Foto by pixabay.com |
La
disponibilidad del capital no depende únicamente de la voluntad del titular,
sino de la naturaleza del activo, de las condiciones establecidas al
contratarlo y del marco legal aplicable. Cada instrumento financiero cuenta con
su propio esquema de liquidez y exige un conocimiento previo que permita
anticipar tiempos y procedimientos.
Perfil
inversor y prioridades patrimoniales
La
configuración de una cartera de inversión responde, ante todo, a los objetivos
personales de quien la construye. En algunos casos, la rentabilidad máxima se
impone como prioridad, aun a costa de asumir riesgos significativos. En otros,
el criterio dominante es la preservación del capital, especialmente cuando este
procede de una trayectoria de ahorro prolongada. Y existe también un tercer
enfoque centrado en la liquidez, es decir, en la posibilidad de disponer del
dinero con inmediatez ante una eventualidad.
Este último
criterio cobra especial relevancia en contextos de urgencia, donde la capacidad
de convertir activos en efectivo sin dilación puede marcar la diferencia entre
una buena y una mala decisión. Sin embargo, la realidad es que no todos los
instrumentos financieros permiten una disponibilidad inmediata. Existen
diferencias notables entre una cuenta corriente, un fondo de inversión, un
depósito a plazo o una emisión de deuda pública. Comprender estas diferencias
es esencial para evitar sorpresas en momentos críticos.
Lejos de ser
un terreno reservado a analistas de traje y corbata o a adictos a las pantallas
y a los gráficos, la inversión bursátil está al alcance de cualquier persona
con una mínima capacidad de ahorro y voluntad de entender las reglas básicas
del juego. Porque, en efecto, esto no va de adivinar el futuro, ni de encontrar
la próxima startup milagrosa, ni de seguir la moda de turno. Invertir en Bolsa
es una práctica que requiere método, paciencia y una relación madura con el
dinero.
En un entorno
en el que las cuentas corrientes no ofrecen rentabilidad, los productos
garantizados apenas cubren la inflación y el sistema público de pensiones
afronta un futuro incierto, no invertir también es una decisión. Y no siempre
la mejor. Pero hacerlo sin preparación, sin objetivos claros y dejándose llevar
por impulsos, es casi garantía de tropiezos.
Estos principios no pretenden ser un manual cerrado, pero sí ofrecen un conjunto de ideas fundamentales que ayudan a tomar decisiones más conscientes, más prudentes y, sobre todo, más alineadas con el verdadero espíritu de la inversión.
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Desde que los
Bancos Centrales se vieron forzados a subir los tipos de interés de forma
agresiva para intentar frenar la inflación galopante, todo ha cambiado,
volviendo los ahorradores domésticos a tener la oportunidad de rentabilizar su
dinero mediante Depósitos, Letras del Tesoro, Fondos de Inversión
especializados en Renta Fija y Seguros de Ahorro. Todas las opciones que he
mencionado eran impensables hace un tiempo, cuando los Estados cobraban por
emitir deuda. No se puede uno olvidar de que lo que, para el Estado, en
términos financieros, es incómodo, para el ahorrador es un beneficio y
viceversa. Cuando el Estado se financiaba a tipos negativos, el ahorrador más
conservador era un convidado de piedra. Ahora que el Estado tiene que pagar por
su deuda (las Letras del Tesoro y los Bonos rondan el 4%), el ahorrador recibe
los beneficios.
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Todas las
reformas que se están llevando a cabo son cortoplacistas. Son cortoplacistas
porque los políticos, sean del punto cardinal que sean, lo único que hacen es
poner parches sin poner en riesgo las perspectivas electorales porque ven en las
pensiones una máquina electoral capaz de modificar la intención del voto. En su
momento, iban a enviar una carta a los mayores de 50 años indicándoles la
pensión estimada. Aquella carta nunca se echó a Correos y ahora ya no es el
momento de hacerlo. Por eso, lo mejor es diseñar un plan para complementar la
pensión pública, así como elegir el momento más propicio para jubilarse.
Una de las
principales decisiones que tiene que tomar el trabajador es qué fecha elegir
para el momento de la jubilación porque de ella dependerá, en gran medida, la
cuantía de la pensión. La legislación actual establece tres opciones para poner
fin a la extensa carrera laboral: la edad ordinaria de jubilación, anticipar la
edad de retiro o demorarla.
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Un Fondo de Inversión es una institución de inversión colectiva formada por el patrimonio
que aportan inversores físicos o jurídicos llamados partícipes. Está formado
por las tres siguientes figuras que intervienen directamente en su
funcionamiento. Por un lado, está la Sociedad Gestora que es la responsable de
la gestión y la administración siguiendo unas directrices establecidas con
anterioridad y que deberán ser conocidas por el partícipe. Por otro, y
diferente de la anterior, existe una Sociedad Depositaria cuya misión es la de
custodia, garantía y vigilancia de las inversiones que realiza la Gestora. Y,
finalmente, está el partícipe que es el dueño de la parte proporcional del
patrimonio del Fondo según las participaciones asignadas en las aportaciones
dinerarias realizadas.
1994 fue un año horrible para los partícipes de fondos debido a las
fuertes pérdidas que tuvieron que asumir. Un año más tarde, fruto de la
ingeniería financiera, nacen los Fondos Garantizados para atraer a los
ahorradores que no querían asumir ningún tipo de riesgo.
En muchas
ocasiones, el ingenio de aplicar palabras a modo de metáfora no repara en si
realmente la traslación del concepto que quiere expresar es correcta. Es el
caso de la palabra “buitre” que, como sabéis, proviene del nombre de un ave
rapaz y carroñera que se alimenta de animales muertos, sobrevolando pacientemente
a aquellos que observa que están moribundos en espera del momento adecuado para
hincarle el pico. En la vida cotidiana, se utiliza la palabra “buitre” como
cosa mala y es atribuida a aquellas personas que se ceban de la desgracia de
los demás. El mundo de las finanzas no es ajeno a estas vicisitudes y se le ha
atribuido este peyorativo a un tipo de Fondo de Inversión: el Fondo Buitre.
El término “fondo buitre” fue popularizado rápidamente por movimientos sociales, ONG’s y responsables políticos, siendo adoptado posteriormente por todo tipo de organismos internacionales. Sin embargo, los operadores de mercado prefieren evitar esta denominación con alta denotación negativa, pero los medios de comunicación, aunque no siempre de forma acertada, se han encargado de difundir noticias sobre este tipo de fondos y siempre en contextos de crisis económicas.
El
Diccionario de la Lengua Española define al Fondo Buitre (en inglés vulture fund o holdout) como un tipo de fondo de inversión de alto riesgo con un
cargado carácter especulativo, cuya misión es comprar deuda o activos de
empresas o instituciones en graves dificultades económicas, aprovechando las
oportunidades del mercado. Cuando este tipo de fondos actúa, el “cadáver” ya
existe, es decir, compran deuda. Si se tiene una deuda con una entidad y esa
deuda la ha comprado uno de estos fondos, de repente, ya no se debe el dinero a
la entidad que actuó como prestamista. Normalmente, cuando se firma un crédito,
cualquiera, se advierte de que “el que otorga el crédito puede derivar esa
deuda a otra entidad”.
Todo está calculado. Ante la ingente cantidad de dinero que vence en los Fondos Garantizados y en los Depósitos de los ahorradores, la ingeniería financiera sale al paso y crea los Fondos con Objetivo de Rentabilidad, también llamados en inglés “Buy and Hold” (comprar y mantener). Y ya está. Misión cumplida. Las entidades financieras dan el visto bueno al producto porque es muy rentable para ellas, lo anuncian a bombo y platillo y lo comercializan como "alternativa" a los productos de ahorro más conservadores que comenté al principio, a sabiendas que la clientela para este tipo de inversión no falta en ninguna sucursal bancaria.
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Adentrarse en
la aventura de pasar de ahorrador a inversor no es fácil en ningún caso, pero
mucho menos si hay que hacerlo por necesidad. Por eso, todos los expertos
recomiendan hacerlo con una cantidad inicial moderada para familiarizarse con
los vaivenes de los Mercados Financieros por el impacto que produce en el
patrimonio del inversor y, por supuesto, no caer en el pánico ante las
habituales correcciones ni en la euforia de los también habituales momentos de
subida.
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De manera coloquial, se denominan Small Caps o Compañías de
Baja Capitalización a aquellas empresas que cotizan en los Mercados Financieros
y poseen una pequeña capitalización bursátil. En principio, no existe ninguna
regla general para definir a las Small Caps según su valor numérico, pero de
una forma orientativa, en el Mercado Bursátil Español, se pueden considerar así
a aquellas compañías con una capitalización inferior a los 1.000 millones de
euros. En otros Mercados, el valor de su capitalización para su catalogación
puede variar significativamente con respecto al nuestro. En España, existe un
índice que está formado por este tipo de empresas, el IBEX SMALL CAP, estando
diseñado para representar el comportamiento de los valores de menor
capitalización negociados en la Bolsa española y, a su vez, para servir como
subyacente de otros productos de inversión.
Invertir en este tipo de compañías se puede realizar de la
misma forma que si de otra compañía de mayor capitalización se tratase. Dentro
de sus ventajas, destaca su alto potencial de crecimiento debido a que, como su
tamaño es reducido, su capacidad de crecimiento es mayor que otras más grandes.
Es más, los índices bursátiles que las incluyen suelen tener mejores medias en
lo que a rentabilidad se refiere. Paralelamente, los inversores y los analistas
no las siguen de una forma habitual, lo que da lugar a una ineficiencia en el
Mercado y a que haya empresas infravaloradas ofreciendo una gran oportunidad de
inversión.
La seguridad forma parte de la supervivencia del individuo. Tanto es así, que, en la propia educación, desde la infancia, se nos recuerda constantemente con frases como “no toques ahí” o “no hagas eso que te vas a hacer daño”. Posteriormente, la vida nos pone a prueba constantemente y nos hace poner en práctica todo aquello que nos enseñaron y nos contaron en su día nuestros progenitores. Sin embargo, por mucho que se nos insista, sabemos que Santa Bárbara está ahí, pero no nos acordamos de ella hasta que no está la tormenta encima. Sabemos, por el contrario, y no lo ponemos en práctica todo lo que deberíamos, que si hay tormenta no es conveniente tender la colada. Por desgracia, tienen que ocurrir los sucesos para que se pongan en marcha ciertos protocolos de seguridad.
El inversor doméstico se encuentra con la tesitura de no saber qué hacer debido al desconocimiento, provocado por el escaso interés y compromiso con la gestión de sus ahorros. Veamos, entonces, las garantías y riesgos de cada uno de los productos de inversión.
¿Quién no ha oído hablar de los Fondos de Inversión? ¿Quién no ha invertido en uno de ellos? ¿A quién, su intermediario financiero, no le ha ofrecido uno para invertir sus ahorros? La respuesta es nadie porque es uno de los productos financieros más versátil, conocido y preferido de los ahorradores para hacer sus inversiones, entre otras cosas, por sus múltiples ventajas tanto fiscales como financieras.
Desde sus comienzos, han sufrido los vaivenes de los Mercados Financieros, han sufrido los múltiples cambios fiscales, han sufrido críticas, en fin, de todo y, aun así, ahí siguen: en la cresta de la ola. Y se mantienen en lo alto porque el inversor doméstico, mediante este tipo de activo financiero, es capaz de invertir en valores y en productos que de otra forma no podría alcanzar ni de lejos. Y esto es así porque el Fondo de Inversión permite al inversor invertir en productos adaptados a su perfil inversor, así como a su nivel de riesgo debido a la gran variedad que existen en el Mar de los Mercados Financieros.
El Fondo de Inversión es el activo financiero más versátil para el ahorrador porque raro será no encontrar uno que no se adapte a nuestras necesidades. El inversor doméstico se fija en la rentabilidad conocida que ofrece mermándola los gastos y costes que lleva implícito el fondo; por esta razón, es muy importante conocer de antemano ese tipo de gastos que serán decisivos a la hora de calcular la posible rentabilidad que ofrezca el fondo elegido. De esta forma, creo que debe ser de obligado conocimiento para todos los partícipes el Ratio de Gastos Totales o, en inglés, Total Expense Ratio (TER). El TER es el porcentaje anualizado de gastos que soporta y lleva implícitos un Fondo de Inversión sobre su patrimonio. Este dato deberá aparecer en el folleto del fondo y en los informes trimestrales que se envían a los partícipes.
El beneficio que ofrezca este tipo de activo financiero se debe a la pericia del gestor a la hora de invertir el patrimonio del conjunto de los partícipes restándole los gastos. Atendiendo a esto, nos fijaremos en la categoría que mejor se adapte a nuestras necesidades de inversión para luego observar el que más beneficios obtiene y menores gastos. Por lo tanto, el TER debe de estar presente siempre a la hora de decidirse por un fondo u otro independientemente del entorno del Mercado. El que un fondo tenga un TER más elevado que otro no quiere decir que sea mejor ni peor, tampoco indicará nada sobre sus rendimientos de inversión pues todo eso dependerá de la propia gestión, pero sí nos dejará muy claro en qué cuantía disminuirán todos esos resultados a la hora de plasmarlos en los beneficios que obtendrán los partícipes.
Una Sociedad de Inversión de Capital Variable (SICAV) es una sociedad anónima, constituida con domicilio y administración en España, que se crea como instrumento financiero y que tiene por exclusividad la adquisición y administración de valores mobiliarios y otros activos financieros. Siendo una modalidad de Institución de Inversión Colectiva (IIC) –institución creada para invertir en bienes, derechos, valores u otros instrumentos de carácter financiero estableciendo los rendimientos en función de los resultados obtenidos- se le otorgan las mismas ventajas fiscales que a los Fondos de Inversión por gozar del mismo régimen, siendo, en definitiva, un híbrido entre un Fondo y una Sociedad.
Algunos autores datan los orígenes de las SICAV en la Edad Media pues sostienen que, ya en aquella época, había agrupaciones de inversores que se unían para una mejor y especializada gestión de sus patrimonios. En España, se legislan por primera vez en 1964 con la regularización de las Sociedades de Inversión de Capital Variable y los Fondos de Inversión. Se crean en 1983 bajo la presidencia de Felipe González para evitar la fuga de capitales y se corroboran siendo presidente José María Aznar.