30 de noviembre de 2020

Qué es el TER de un fondo de inversión y cuánto puede costar realmente

El Fondo de Inversión es el activo financiero más versátil para el ahorrador porque raro será no encontrar uno que no se adapte a nuestras necesidades. El inversor doméstico se fija en la rentabilidad conocida que ofrece mermándola los gastos y costes que lleva implícito el fondo; por esta razón, es muy importante conocer de antemano ese tipo de gastos que serán decisivos a la hora de calcular la posible rentabilidad que ofrezca el fondo elegido. De esta forma, creo que debe ser de obligado conocimiento para todos los partícipes el Ratio de Gastos Totales o, en inglés, Total Expense Ratio (TER). El TER es el porcentaje anualizado de gastos que soporta y lleva implícitos un Fondo de Inversión sobre su patrimonio. Este dato deberá aparecer en el folleto del fondo y en los informes trimestrales que se envían a los partícipes.

El beneficio que ofrezca este tipo de activo financiero se debe a la pericia del gestor a la hora de invertir el patrimonio del conjunto de los partícipes restándole los gastos. Atendiendo a esto, nos fijaremos en la categoría que mejor se adapte a nuestras necesidades de inversión para luego observar el que más beneficios obtiene y menores gastos. Por lo tanto, el TER debe de estar presente siempre a la hora de decidirse por un fondo u otro independientemente del entorno del Mercado. El que un fondo tenga un TER más elevado que otro no quiere decir que sea mejor ni peor, tampoco indicará nada sobre sus rendimientos de inversión pues todo eso dependerá de la propia gestión, pero sí nos dejará muy claro en qué cuantía disminuirán todos esos resultados a la hora de plasmarlos en los beneficios que obtendrán los partícipes.


Al ser un ratio tan importante e infalible veamos a continuación los gastos que generan los Fondos de Inversión y cuáles se enmarcan dentro del TER. Debe de suponer que los que están integrados en el TER son los que el partícipe no ve y casi ni tiene opción a verlos.

Al contratar un fondo, cualquiera, ya le anticipo que va a tener que soportar dos comisiones: la de gestión y la de depósito o custodia. La comisión de gestión la cobra la gestora del fondo y es la encargada de sufragar los gastos por sus servicios. Se deduce diariamente del valor liquidativo del fondo pudiendo establecerse como un porcentaje sobre el patrimonio, en función de los resultados o ambas cosas a la vez. La comisión de depósito o custodia va destinada a los depositarios del fondo y sufraga los gastos de administración y custodia. Se descuenta también diariamente del valor liquidativo.

Por otro lado, existen otras dos comisiones que pueden existir o no. Dependerá del tipo de fondo. Son la de suscripción y reembolso. La comisión de suscripción es la que cada gestora cobra de forma individual a cada partícipe en el momento de la adquisición de las participaciones. Se calcula a modo de porcentaje sobre el capital inicial de la inversión. No todos los fondos la cobran. La comisión de reembolso es la que cada gestora cobra de forma individual a cada partícipe en el momento de deshacerse de las participaciones. Esta comisión se cobra tanto por venta como por traspaso, ya sea total o parcial. No todos los fondos la aplican y se calcula como porcentaje sobre la cantidad reembolsada.

Existen también otros gastos que cobra el fondo y que no siempre son conocidos por el inversor porque no aparecen en el folleto o porque el asesor financiero no se los ha comentado. Y aquí es donde el TER hace su función y le dice al partícipe cuál es el Ratio de Gastos Totales que tiene que soportar. Son los siguientes: comisión de gestión y depósito (las más representativas), gastos de auditoría, gastos administrativos, impuestos, tasas de registros, comisiones por la compraventa de los valores internos (no siempre) y algún que otro gasto más que por insignificantes no los menciono. Sin embargo, las comisiones de suscripción y reembolso que mencioné no se incluyen dentro del TER.

Estamos, por lo tanto, ante una valiosa herramienta que nos proporciona los gastos reales que atesora un Fondo de Inversión permitiéndonos comparar, eso sí, fondos de la misma categoría.

Un ejemplo que permite ver la diferencia

El efecto del TER puede parecer pequeño cuando se expresa en décimas porcentuales, pero cambia bastante cuando se mantiene durante muchos años y entra en juego el interés compuesto. Supongamos una inversión inicial de 50.000 euros durante 20 años y dos fondos que consiguen exactamente la misma rentabilidad bruta, un 6 % anual. El primero tiene un TER del 0,30 % y el segundo del 1,50 %.

Simplificando el cálculo, el primer fondo ofrecería una rentabilidad anual del 5,70 % después de gastos, mientras que en el segundo quedaría en el 4,50 %. Al cabo de 20 años, los 50.000 euros se habrían convertido aproximadamente en 151.520 euros en el fondo con un TER del 0,30 %, frente a unos 120.586 euros en el fondo con un TER del 1,50 %. La diferencia ascendería a unos 30.934 euros.

Lo llamativo es que el TER no se paga como una factura que salga de la cuenta corriente cada año. El coste se va descontando del patrimonio del propio fondo y, además, el dinero que deja de permanecer invertido tampoco genera rentabilidad en los años posteriores. Por eso, una diferencia aparentemente pequeña en los gastos puede terminar teniendo un efecto considerable cuando la inversión se mantiene durante décadas. Esto no significa que el fondo con menor TER vaya a obtener necesariamente una mayor rentabilidad, pero sí muestra por qué los costes deben formar parte del análisis antes de comparar dos fondos de características similares.