13 de julio de 2021

El éxito en la Bolsa

El alquimista. Pietro Longhi

De la misma forma que el alquimista de la antigüedad se esforzaba por la búsqueda de la piedra filosofal junto con la panacea universal, algunos ahorradores-inversores buscan también la fórmula del éxito en la Bolsa y lo establecen como su quimera. Muchos aprendices y falsos alquimistas, tenidos por auténticos, gozaron de prestigio y apoyo durante siglos; es más, gracias a eso se hicieron grandes descubrimientos químicos que duran hasta la actualidad dando origen a la ciencia química, pero no encontraron lo que buscaban tan ansiadamente. También se llenó el mundo de charlatanes con pócimas y brebajes mágicos que lo único que conseguían era vender, a toda costa, su producto “milagroso” engañando, como siempre, al necesitado y al incauto. 

No es nuevo, haciéndose eco esta bitácora de ello, que la inmensa mayoría de los ahorradores que depositan sus ahorros en la Bolsa pierden dinero: lo pierden, debido a que su búsqueda se limita a obtener dinero fácil. Han observado a inversores de Bolsa que han tenido un gran éxito y piensan que lo han tenido gracias a que han encontrado el método secreto. Claro, como es secreto, no lo van a difundir a cualquier precio. Pues nada más lejos de la realidad: el que ha obtenido éxito en Bolsa, que los hay, lo ha conseguido gracias al duro trabajo y no a “pelotazos” como alguna mayoría cree. También, y es verdad, existe la suerte, pues la Bolsa tiene una parte que es azar y esa es la peor, es la que ciega y hace volver a probar y probar, pero muchas veces es implacable y la suerte nos abandona dando como resultado una pérdida mayor que la ganancia que nos prestó la Bolsa cuando la suerte estaba de nuestro lado.


Yo tampoco sé ninguna fórmula mágica para desvelar el éxito, pero lo que sí sé es que todos podemos batir al Mercado con sacrificio; eso sí, las pérdidas siempre estarán presentes, entonces, lo que se necesita conseguir es que se gane más de lo que se pierde. Y ganar en Bolsa, aunque sea de Perogrullo, es lograr que la diferencia entre la compra y la venta tiene que ser siempre superior a las comisiones de toda la operación, incluyendo las intermedias. La disposición a estar en las pérdidas debe de ser constante ya que de lo contrario es mejor ni intentarlo. No se trata de entrar en pérdidas innecesarias al tratar de descubrir nuevos métodos, se trata de probar, pero minimizando el riesgo para no gastar dinero que luego hará falta para otras inversiones. 

El éxito en Bolsa se consigue, ¡claro que sí! Pero no surge de la noche a la mañana porque alguien cuente el secreto. No surge por aquella o esta noticia que se acaba de leer en la prensa especializada. La información debe de ser nuestra aliada en todo momento, pero debe de ser pasada por unos filtros muy exigentes para que no produzca el efecto contrario del deseado. Las noticias no siempre cuentan lo que queremos que nos cuenten, si lo hacen, puede ser, simplemente, un canto de sirenas para cautivarnos. Las fuentes de donde viene la información deben de ser cuidadosamente elegidas e investigadas, pues, a menudo, es algo que el inversor desatiende llevándole al fondo del Mar de los Mercados Financieros.

Algunos ahorradores-inversores buscan también la fórmula del éxito en la Bolsa y lo establecen como su quimera

En este mundo, también hay charlatanes que no buscan en ningún caso nuestro beneficio, buscan vender su “pócima envenenada”. Los que obtienen beneficios, que los hay, están informados al máximo para luego usar su propio sentido común. La suscripción a revistas y prensa especializada, compra de libros y la participación en seminarios, es de obligado cumplimiento con el fin de estar al día de la realidad de los Mercados. En este caso, siento deciros, que la Internet libre proporciona escasa y contada información. No quiero entrar en detalle, pero sólo mencionar que la información no es igual para todos: la información privilegiada no llega al inversor doméstico. 

Los objetivos que se buscan con la inversión en Bolsa es batir al Mercado. Al igual que en otro tipo de profesiones, se debe de contar con una buena formación. Es imprescindible. De ella dependerá, en buena medida, el éxito en la Bolsa. Existen cursos gratuitos que enseñan el manejo en este mundo tan complejo, pero no estará de más acudir a alguno que imparten los profesionales, aunque sea de pago: en la vida no hay nada gratis. Actualmente, Internet lo pone muy fácil para acceder a la formación, pero digo lo mismo que cuando hablé de la información: también está plagada de charlatanes. Es de lógica que cuanto más prestigio tenga el ponente del curso mejor será y… más caro, pero será la mejor inversión que se haga en la vida. Ser autodidacta en la Bolsa, me atrevería a decir, es francamente imposible pues ya se ha llegado a un punto que es una doctrina consumada. 

Los comienzos son muy difíciles: ¿dónde no? Los errores vendrán por todas partes, por eso es conveniente evitar pérdidas innecesarias. Prueba y error es un buen método para que llegue el éxito, pero si esto se hace de forma virtual durante un tiempo, el que sea necesario, se ahorrarán muchos disgustos que repercutirán en la liquidez que se destine al Mercado. Con el paso del tiempo y aprendiendo de cada operación que se haya hecho, tiene que llegar lo que los matemáticos llaman la “media matemática positiva”. Es decir, la probabilidad de éxito en las operaciones tiene que ser superior al 50% y, a partir de este momento, se está ya en disposición de entrar en el Mercado de forma real, pero de puntillas y sigilosamente porque aún no se está a la altura de los profesionales. En esta etapa, que sigue siendo de aprendizaje, los errores seguirán llegando, pero es el momento donde el aprendizaje se convierte en el más relevante pues se pondrá en práctica las experiencias aprendidas. En ese momento, se deben de evitar los derivados a toda costa pues es la etapa de adquisición de experiencias, no de obtener beneficios que ya vendrán cuando tengan que venir. 

Siguiente problema por solucionar: elegir las empresas cotizadas en las que invertir. En todas se puede ganar dinero y, en todas, perderlo. Cada inversor tendrá sus propias preferencias pues una determinada forma de operar no será válida para todas, entonces, no queda más remedio que buscarlas una a una para llegar a un número en el que se encuentre la comodidad para su estudio. Al principio serán unas poquitas para luego ir creciendo en número y llegar a la diversificación, teniendo presente que la empresa que ahora es buena o mala no será así toda la vida. La información que se ha ido obteniendo ha llegado la hora de plasmarla y que dé fruto vía resultados en la cartera.

Una cosa es tener valores preferidos y otra muy distinta es cogerle cariño

Los costes de intermediación también forman parte del éxito. Es posible, que una inversión sea buena o mala atendiendo simplemente a esos costes. De aquí se deduce que es importante una buena elección del intermediario. Y también, cómo no, del número de títulos a negociar pues, en algunas ocasiones, las comisiones vienen dadas según tramos de importe efectivo. Hay webs que indican el número de acciones de compra según unas ratios determinadas y obvian las comisiones de los tramos. 

Aunque parezca irrelevante, el comportamiento humano afecta a la formación de los precios en el Mercado. Si la percepción general es que la Bolsa sube, se corre a comprar para alimentar al Mercado, pero, por el contrario, cuando la percepción es bajista, el Mercado deja de subir, el profesional venderá en ese momento, surge el pánico vendedor, la Bolsa cae porque ha estallado la burbuja y, lo peor de todo: ha pillado de lleno al incauto inversor doméstico. Esto no puede ocurrir nunca. La tendencia y el volumen van de la mano, entonces, habrá que salirse con los profesionales y el resultado habrá sido una victoria. 

Imprescindible es también la recapacitación periódica de las decisiones que se han ido tomando, así como la rotación de la cartera para irla ajustando a los tiempos que toca ir viviendo. Consiste en ir cambiando unas empresas por otras según se comporten en ese determinado momento. Una cosa es tener valores preferidos y otra muy distinta es cogerle cariño. Las compañías no estarán nunca de parte del ahorrador. Si se tiene que abandonar alguna porque no funciona, se hace sin el más mínimo reparo hasta que cambie y vuelva a formar parte de la cartera.

1 comentario:

  1. Enhorabuena, no hay nada como la ciencia empírica y el conocimiento de lo que haces.

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