20 de junio de 2023

La Publicidad Financiera nunca es una recomendación de inversión

 

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Según la RAE, la publicidad es el conjunto de medios que se emplean para divulgar o extender la noticia de las cosas o de los hechos. Divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc. Es decir, es cualquier forma de comunicación, sea cual sea el medio utilizado, destinada a transmitir información al público sobre un producto o servicio y motivar su adquisición o contratación. De manera específica, dentro del mundo del ahorro, la inversión y los negocios está la llamada publicidad financiera que juega el papel de actuar de primer filtro a la hora de comparar las diferentes ofertas de un mercado cada vez más complejo.

La incesante capacidad de la ingeniería financiera de crear nuevos productos, cada vez más complejos, y la mayor competencia entre las entidades hacen que la publicidad tenga una gran influencia en los inversores. Salvo que el consumidor financiero tenga un conocimiento básico de los productos y servicios financieros que pretende adquirir y entienda los instrumentos financieros a lo que la publicidad intenta destacar, el resto se trata de consumidores (muy) vulnerables. Si se añade que el nivel de cultura financiera, en general, es escaso, tirando a mediocre, le hará mucho más difícil comprender al detalle y la complejidad de la información que se le proporciona, alejándolo de su propio camino de la economía familiar.

El sector financiero es uno de los más complejos y competitivos que, además, está sujeto a grandes cambios y fluctuaciones. Eso implica que las entidades bancarias y asimiladas tengan cada vez más la necesidad de marcar su territorio, naciendo así el marketing financiero.

Para cualquier entidad financiera será clave diseñar una acertada estrategia de marketing para conocer las necesidades de cada tipo de cliente. Sólo así podrá ofertar los servicios y productos más idóneos de acuerdo con las demandas de los ahorradores/inversores. El mundo financiero es cada vez más complejo y se necesita recibir información clara y verídica para que el inversor doméstico pueda tomar sus propias decisiones sin acudir al engaño. El objetivo más preciado de una entidad bancaria es establecer una fidelización con el cliente y hacer que esa relación sea lo más rentable posible.

La publicidad financiera debe de ser muy clara, no engañosa, transparente, imparcial y claramente identificable como publicidad, para facilitar a que los futuros inversores participen de los diferentes productos que deberán ser bien entendidos de manera previa antes de proceder a su apuesta inversora.

El Banco de España es la entidad encargada de determinar los principios generales a los que debe someterse la publicidad, obligando al cumplimiento de las normas de publicidad de los servicios financieros. Además, se habilita a los Organismos Reguladores y a la CNMV a dictar también las normas necesarias para posibilitar que este tipo de publicidad sea lo más honesta posible en línea con el resto de la normativa europea.

Al consumir publicidad financiera siempre se debe de tomar desde un punto de vista crítico. Es un medio que tiene cualquier entidad financiera para obtener, como cualquier empresa que se precie, mayores beneficios. Una publicidad malintencionada puede implicar una fuerte repercusión en las cuantas del inversor doméstico; por eso, es necesario diferenciar lo que es una adecuada publicidad financiera del reclamo engañoso que oculte los posibles inconvenientes para los intereses de la economía familiar. En el caso de que la decisión sea la de tomar posiciones en cualquier activo que ha sido publicitado por cualquier medio es imprescindible guardar esa publicidad para que, en caso de reclamación por incumplimiento, la ley ampare que se cumplan las condiciones tal y como se publicitaron, aunque no figuren en el contrato.

Los mensajes publicitarios hacen una presentación de los diferentes productos de la forma más atractiva posible, por lo que las posibles desventajas pueden resultar imperceptibles. La publicidad no puede incluir toda la información que el inversor necesita para tomar una decisión acertada. Esa información sólo está disponible en la documentación oficial del producto que siempre está disponible en la propia entidad financiera y en la CNMV.

Será una publicidad incorrecta aquella que no muestre el riesgo financiero. Aquella que use la letra pequeña para ofrecer la información de más relevancia. Aquella que garantice rendimientos no ajustados a la realidad. Aquella que muestre superioridad ante otras publicidades similares. Aquella que incite a invertir con una inmediatez inusitada. Aquella que ofrezca facilidades imposibles y aquella que garantice la seguridad y la liquidez sin más.

Sólo la experiencia en los mercados financieros previene de la publicidad engañosa que únicamente presenta al posible cliente datos parciales, con el fin de sólo mostrar la parte positiva, dejando al lado los apartados más complejos y arriesgados. En cualquier caso, si en un momento dado se conoce alguna publicidad que pueda inducir a error se puede informar a la CNMV a través de cualquiera de sus canales, indicando todos los datos posibles.

En cualquier caso, nunca se debe de tomar ninguna decisión de inversión basándose únicamente en la publicidad. Las decisiones de inversión requieren de unos conocimientos mínimos y de un estudio pormenorizado del activo financiero en el que se quiera invertir.

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