1 de julio de 2023

VALUE vs GROWTH: dos formas de inversión

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A la hora de elegir los diferentes activos financieros que formen parte de una cartera de inversión se pueden adoptar diferentes estrategias y perspectivas dependiendo del tipo de análisis que se utilice. Si se usa el Análisis Fundamental es frecuente distinguir dos estilos de inversión: me estoy refiriendo a la inversión en valor (value investing, en inglés) y a la inversión en crecimiento (growth investing).

Aunque cualquiera de ellas aspira a conseguir rentabilidades recurrentes positivas, las estrategias para conseguirlo difieren entre sí. Y así surge uno de los debates más controvertidos que existen en el mundo de las inversiones en renta variable, que no es otro que clasificar a las compañías en el grupo de acciones Value o acciones Growth. Se da el caso, debido a la difusa línea que separa ambas gestiones, que una misma empresa puede aparecer a la vez en índices de marcado sesgo Value y Growth. De igual modo, un mismo sector económico puede estar formado por empresas de “valor” o “crecimiento”.

Ambas estrategias tratan de conseguir, como es lógico, la mayor rentabilidad posible, pero las estrategias para conseguirlo son diferentes.

Inversión Value (valor)

Se puede decir que los padres de este método de inversión, que no deja de ser una filosofía de inversión, fueron David Dodd y Benjamin Graham. Ellos fueron los que en los años veinte del siglo pasado, en la Columbia Business School, los que empezaron a hablar de este tipo de inversión y la popularizaron con la publicación en el año 1934 del libro “Security Analysis”, que con el tiempo se ha convertido en el pilar de la gestión en “valor”. Desarrollaron un método de valoración que estaba basado en la identificación de las compañías infravaloradas desde el punto de vista fundamental. Hoy, el inversor Value más famoso, discípulo de los anteriores, es el archiconocido Warren Buffet.

La inversión Value se puede decir que consiste básicamente en analizar minuciosamente las compañías, utilizando el Análisis Fundamental, para tratar de determinar su valor real o intrínseco. Dicho valor se contrasta con el precio del mercado con el fin de identificar si su cotización lo hace con descuento y si existe un margen de seguridad (diferencia entre el valor real y el precio) lo suficientemente amplio como para generar una oportunidad de inversión rentable con el paso del tiempo. Es decir, la inversión se canalizará hacia las empresas cuyo valor será reconocido en el futuro, ignorando lo que comúnmente se denomina momentum (la tendencia de un valor en el corto plazo).

Las acciones valor se caracterizan principalmente porque son más estables y recurrentes, se encuadran en sectores ya madurados y con mayor visibilidad de resultados y grandes barreras de entrada (obstáculos que se le presentan a las personas físicas o jurídicas que quieran ingresar al mercado con una nueva idea de negocio). Son compañías que destinan, debido a su desarrollo consolidado, un porcentaje elevado de los beneficios a dividendos. Para un inversor en valor es primordial comprar barato porque la principal fuente de rentabilidad serán los dividendos y la convergencia del precio hacia el valor intrínseco, no el crecimiento de los beneficios de la compañía.

Este estilo de gestión obtiene buenos resultados cuando el entorno económico tiende a un elevado crecimiento porque éste va acompañado de mayores expectativas de inflación y tipos de interés, ganando atractivo la gestión Value por sus bajas valoraciones.

Complementando la estrategia de gestión Value, ha surgido un nuevo estilo de gestión denominado Quality. Este estilo está basado en la selección de compañías de alta calidad.

La inversión Value también tiene sus riesgos. Uno de ellos pasa porque el bajo precio de la compañía esté justificado por determinados motivos que el inversor no ha visualizado en el análisis previo. A este tipo de compañías cuyo precio está justificado por fundamentales se las conoce con el nombre de “trampas de valor”.

La rentabilidad anualizada, y este es otro inconveniente, se verá penalizada cada día que el mercado no le dé la razón al inversor. Aunque el precio alcance al final el precio intrínseco, no será lo mismo conseguirlo en un año que en dos.

Cuando una compañía llega al valor intrínseco es el momento de vender la posición. Eso implica reemplazarla por otra, lo que hace que el inversor tenga la necesidad de estar en búsqueda constante de nuevas ideas de inversión. Esto quiere decir que hay que tener los debidos conocimientos financieros para llevar a cabo una gestión Value con garantías.

Las ventajas de la inversión en valor, al estar destinadas para el largo plazo, radican en que no es necesario disponer de un gran capital, no es necesario estar pendiente de las fluctuaciones momentáneas de la cotización, es fácil la diversificación y las comisiones son bajas debido a que no es necesario estar saliendo y entrando constantemente en el mercado.

Inversión Growth (crecimiento)

La inversión en crecimiento consiste en invertir en empresas en fase de expansión y que tienen potencial de seguir creciendo en los años venideros. Se caracterizan porque estas compañías forman parte de sectores económicos cambiantes y sus beneficios prefieren invertirlos en su propio negocio o en comprar otras empresas que en repartirlos en forma de dividendos. Puede darse el caso que estas empresas, en sus comienzos, por estar en expansión, no obtengan ni beneficios, por eso el riesgo de invertir en ellas es mayor que las empresas Value. Las empresas de crecimiento se valoran más los resultados futuros que su situación actual.

El inversor Growth se mueve en sectores donde la innovación está en constante flujo de expansión, a sabiendas que una tecnología puede quedar obsoleta rápidamente atendiendo a la economía disruptiva. Los conocimientos inversores, en este caso, sobre todo, se deben de estar actualizando constantemente para ser capaz de identificar a tiempo las nuevas tendencias que marcarán el futuro. Por eso, no todos los inversores son aptos para este tipo de gestión.

El aumento de los tipos de interés perjudica las valoraciones de las empresas Growth. Tiene su lógica porque al ser compañías de reciente creación necesitan endeudarse para conseguir capital. Si sus beneficios se esperan a futuro, el aumento de los tipos de interés lastrará los beneficios a futuro perjudicando su valoración en el presente.

Las empresas vinculadas al emprendimiento y los startups son las que se encuadran en este tipo de gestión, que, por su condición, presentan mayor riesgo, no siendo aptas para inversores conservadores debido a su volatilidad y fluctuación del precio de cotización. Por la misma razón, son más adecuadas para los inversores cortoplacistas.

Las mayores ventajas de invertir en compañías de crecimiento radican en el potencial teórico de revalorización, no son necesarias grandes cantidades de capital y se está apostando por empresas nuevas con un corto horizonte temporal.

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Ambos estilos de inversión tienen sus propias ventajas e inconvenientes, pero lo que sí está claro es que están ofreciendo oportunidades de inversión constantemente. El inversor deberá adaptarse a sus conocimientos e intereses a la hora de optar por una opción u otra, la clave está en determinar el momento de compra y de venta de los valores.

En fin, no hay vencedores ni vencidos. La cuestión es adaptarse cada uno a un estilo de inversión, que se esté cómodo operando y que las operaciones ganadoras reflejen un saldo positivo al restarle las perdedoras.

Como curiosidad hay que mencionar que el índice MSCI Global Value y Growth se caracteriza por tener entre sus activos empresas clasificadas tanto de valor como de crecimiento. Es más, en alguna ocasión, debido a que la revisión del índice se hace dos veces al año, se ha dado la paradoja de que una compañía un semestre ha sido seleccionada como Value y al siguiente como Growth y viceversa.

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