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28 de diciembre de 2020

La sopa de letras de la recuperación económica (V, W, U, L, K)

Estando inmersos en una crisis económica y social provocada por la emergencia sanitaria del coronavirus es de vital importancia conocer, cuando desaparezcan las medidas de confinamiento y se vuelva a la normalidad, cuáles serán las formas que recogerán la reactivación de los principales indicadores económicos.

Desde el momento en que una crisis acampa en un país, sea de la índole que sea, se estudian sus consecuencias y de inmediato se pone en marcha la maquinaria de especulación para anticiparse a cómo será la recuperación económica. Para ello, los economistas observan cómo evolucionan los indicadores de actividad, por ejemplo, el Producto Interior Bruto (PIB) y el desempleo, a lo largo del tiempo, y van plasmando todos los resultados en una gráfica que va mostrando la evolución de la recesión económica y su recuperación. Esos gráficos, que van dibujando milimétricamente todo el recorrido que va trazando la economía del país, adquieren unas formas determinadas que son aprovechadas por los economistas y políticos para hacer una analogía con las letras que posteriormente darán nombre a la recuperación de los PIB’s, a la evolución de los Mercados, así como a la actividad de las principales economías. Esas letras del alfabeto, a modo se sopa de letras, son las que indicarán el dibujo de la recesión y de la posible recuperación. De esta forma se habla de V, W, U, L, K y hasta de símbolos como el de la raíz cuadrada o el del logotipo de la marca deportiva Nike (o tick), en función de que la recuperación sea más rápida, más lenta o tenga recaídas inmediatas.

29 de junio de 2020

El protagonismo de la vivienda durante el confinamiento


El estado de alarma ha dado para mucho, hasta para meditar cómo será nuestra casa en un futuro. Razonando, se ha visto que, según la tipología de la vivienda, no todos han sufrido el confinamiento de la misma forma. No ha sido lo mismo pasar la clausura en un piso interior y sin vistas a la calle (aproximadamente, el 8% de la población no ha podido aplaudir a los sanitarios desde su ventana) que aquellos cuya vivienda poseía balcón o terraza. No ha sido lo mismo pasar este periodo en un ático que en un sótano. No ha sido igual vivir una familia en 50 m2 que en 150. Ni ha sido lo mismo estar confinado en un piso que en una casa con jardín o piscina. Ni ha sido igual en el centro que en la periferia. Y tampoco ha sido equiparable en el mundo urbano que en el rural.

En las ciudades, sobre todo, se ha visto cómo los edificios de viviendas han ido evolucionando: mientras que en los años 80 y anteriores rara era la vivienda que no tenía un balcón o una terraza, las más recientes han ido prescindiendo de ese espacio que en el confinamiento ha sido un auténtico balón de oxígeno. Es más, la tendencia ha sido que todos aquellos que adquirieron una vivienda con terraza han optado por cerrarla, aprovechando su espacio al dárselo al interior adquiriendo así la vivienda más metros útiles. En otros casos, los balcones se están usando como trasteros o como lugar de anclaje del compresor del aire acondicionado. Los moradores han preferido salones más amplios que el espacio semimuerto que las terrazas proporcionan a las viviendas.