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Durante el
transcurso de la vida se deben de tomar multitud de decisiones económicas, unas
más importantes que otras, pero todas las veces estarán influenciadas por
determinadas prioridades, por el tiempo de espera, por los beneficios a obtener
o por un acontecimiento inesperado. Sin embargo, no todo se basa en la
racionalidad, porque el comportamiento del ser humano no siempre es racional y
el mundo de las inversiones no es diferente. El sector financiero y económico
se han convertido en áreas de conocimiento esenciales para el funcionamiento de
la sociedad y del mercado de cada país.
En su
momento, Aristóteles afirmó que el hombre es un animal racional, siendo esta
definición la tesis de la teoría financiera clásica que decía que los
inversores son perfectamente racionales y que siempre consiguen tomar la mejor
decisión en cualquier situación, actuando en base a una serie de
investigaciones analizadas de manera racional. Pero la historia y las
investigaciones empíricas han demostrado fehacientemente que las personas
cometen sistemáticamente errores cuando se toman decisiones, no desde la razón,
sino desde la irracionalidad. Evidentemente, esto también se aplica al mundo de
las finanzas porque los inversores son emocionales. Y este es precisamente el
origen de las finanzas conductuales o finanzas del comportamiento (Behavioral
Finance) porque los mercados no son del todo eficientes y los inversores no son
del todo racionales. Por tanto, las finanzas conductuales, como una combinación
de economía, finanzas y psicología inversora, influyen directamente en la toma
de decisiones del inversor.
Las finanzas
conductuales analizan los efectos de la psicología y los sesgos cognitivos
(interpretación errónea sistemática de la información disponible que ejerce
influencia en la manera de procesar los pensamientos, emitir juicios y tomar
decisiones) en el ámbito financiero y pueden ser muy útiles para optimizar la
gestión del ahorro y las inversiones.
Se puede
hablar de economía conductual desde que Adam Smith, allá por el siglo XVIII,
publicó el libro “Teoría de los sentimientos morales”. Pero Daniel
Kahneman y Amos Tversky, que en 1979 publicaron el libro “Prospect Theory: an analysis of decisión under risk”, son considerados
los padres fundadores de las finanzas conductuales. Robert J. Shiller y Richard
H. Thaler (Premios Nobel de Economía en 2013 y 2017, respectivamente) son
también autores de la corriente de las finanzas conductuales. Todos ellos coinciden
en que las decisiones de inversión las toman humanos con limitaciones cognitivas y
emocionales, introduciendo estos dos aspectos humanos en los nuevos modelos
financieros. Los humanos no somos capaces de controlar nuestros impulsos: si
encontramos un billete automáticamente pensamos en qué gastarlo y no es así. No
todo lo que se es capaz de conseguir hay que gastarlo por el hecho de haberlo
conseguido. De ahí nace la importancia del ahorro.
Por lo tanto,
el objetivo de las finanzas conductuales trata de comprender de qué modo actúan
los inversores y cuáles son los motivos en que se fundamentan las decisiones
que toman con el fin de ayudar a optimizar la gestión del ahorro y la
inversión. Estas decisiones están condicionadas por una serie de factores
externos que inducen a cometer errores, son los sesgos cognitivos que mencioné
anteriormente. Conocer estos sesgos que intervienen en las decisiones de
inversión ayudan a evitar errores que pueden tener un impacto considerable en
la salud financiera familiar:
- Exceso de seguridad. Ocurre cuando se tiende a sobrevalorar la propia capacidad, dejando de lado cualquier evidencia objetiva. Nos lleva a pensar que sabemos más de lo que en realidad sabemos.
- Aversión al riesgo. El inversor experimenta más dolor cuando pierde que el placer que siente cuando gana, es decir, tiene una percepción asimétrica de las pérdidas y las ganancias, lo que provoca que tome una decisión equivocada por el miedo a la pérdida sin valorar el potencial de la ganancia.
- Familiaridad. Se toman decisiones en base a esquemas experimentados previamente, es decir, se invierte en activos ya conocidos, excluyendo los que aún no han formado parte de la cartera de inversión.
- Anclaje. Se toman decisiones en base a las primeras informaciones recibidas sin valorar otras alternativas que pueden o no contradecir a la primera.
- Efecto rebaño. Este es muy común y consiste en seguir el comportamiento de los demás. Se manifiesta tanto en las euforias como en los pánicos.
- Error de atribución. Si una inversión sale mal la culpa es de los demás, sin embargo, si el resultado es positivo el mérito es exclusivo de uno mismo.
- Predisposición al optimismo. Se toman decisiones impulsivas sin tener presente el futuro. El ejemplo claro es cuando se toman mínimos beneficios de forma inmediata antes que una recompensa mayor en el largo plazo.
- Aversión a la pérdida. Hay una preocupación excesiva por evitar las pérdidas que una predisposición a hacer ganancias.
- El sesgo del presente. El ser humano es partidario de “el pájaro en mano”. Si nos dan a elegir 1.000 euros hoy o 1.100 dentro de un mes, una mayoría elige los 1.000 euros del ahora.
- Ilusión de control. Las inversiones se toman por las emociones, no en función a una disciplina o un método específico.
- Brecha emocional. Las personas se alejan de la racionalidad y se acercan más a la emocionalidad.
- Experiencia reciente. Se considera más representativa la experiencia reciente que las estadísticas.
- Ilusión de control. Se asume un riesgo elevado cuando en realidad se está expuesto a un evento aleatorio que puede afectar al resultado de la inversión.
Los sesgos
anteriores no son más que algunos de los errores cognitivos que influyen
directamente en las decisiones financieras. Llegados a este punto es donde la
Inteligencia Artificial tiene mucho que decir: está exenta de emociones y
garantiza el tratamiento racional de las inversiones, permitiendo así evitar
los sesgos que inducen al ser humano a prestar más atención a las emociones que
a la racionalidad.
Como en todos
los ámbitos de la vida también aquí existen detractores que opinan por qué no
se tiene en cuenta que las personas pueden aprender gradualmente de sus errores
y llegar a reconocer instintivamente la aparición de elementos no racionales en
sus decisiones.
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