19 de marzo de 2024

La Teoría del Cisne Negro y cómo surgió

Foto by pixabay.com
Los cisnes negros han existido toda la vida, pero sólo los australianos los conocían. En el resto del mundo, y más concretamente en Europa, no se conoció su existencia hasta el siglo XVII.

En tiempos de los romanos, la expresión “cisne negro” se usaba como una metáfora de algo “hipotéticamente posible, pero inexistente”: sería algo así como cierta cosa tan rara que se podía ignorar. Tanto era así que el poeta romano Décimo Junio Juvenal, autor de 16 sátiras escritas entre el primer y segundo siglo de nuestra era, en la Sátira VI escribía: “sit Formosa, decens, dives, fecunda,/ vetustos porticibus disponat avos,/ intactior omni crinibus effusis bellum dirimente Sabina,/ rara avis in terris nigroque simillima cycno…/ quis feret uxorem cui constant omnia?” (“Que sea hermosa, decente, rica, fecunda,/que en sus pórticos alinee las vetustas figuras de sus antepasados,/más intacta que aquellas Sabinas que con sus cabellos sueltos impidieron una guerra,/ ave rara en esta tierra, muy semejante a un cisne negro…/ pero ¿quién soportará a una mujer que no tenga defectos?”) en referencia a la búsqueda de la mujer perfecta.

La teoría del “cisne negro” es una metáfora que describe un suceso inesperado y de un gran impacto. Fue desarrollada por el filósofo e investigador libanés Nassim Nicholas Taleb remontándose su origen al siglo XVII. Hasta ese momento, se pensaba que todos los cisnes eran de color blanco, pero ese descubrimiento inesperado en Australia cambió por completo la percepción que existía por aquel entonces.

Todo comienza cuando se le encomienda al capitán naval holandés, gran experto en exploraciones, Willen Hesselsz de Vlamingh, que organizara y encabezase una expedición para buscar el buque insignia Ridderschap van Holland de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, desapareciendo, con 325 pasajeros y con un cargamento de mercancías, frente a la costa occidental de Australia. Con una fragata, un hooker (barco de pesca) y una goleta se pone a la mar, desde Ámsterdam, en 1696. A finales de ese año desembarca en Australia, descubriendo nuevas islas y cartografiando parte de la costa occidental, mejorando así la navegación de la ruta del Océano Índico. El día 10 de enero de 1697 descubre y navega por el río Swan (Cisne). Lo llamó así una vez que observó, por primera vez, un cisne negro, algo inédito para un europeo. Mayor sorpresa se llevó cuando vio que aquel río estaba totalmente poblado de cisnes negros.

El descubrimiento de un cisne negro causó gran sensación entre los europeos, que pronto acuñaron el término “cisne negro” para referirse a algo imposible. El concepto terminó por asociarse al mundo de las finanzas después de que Taleb, en 2007, publicara su libro titulado “El Cisne Negro: el impacto de lo altamente improbable", siendo un éxito de ventas. Muchos analistas señalan este libro como la predicción de la crisis de 2008. Puede que tengan razón, porque en el libro cuestiona los análisis económicos que se hacen para predecir el futuro extrapolando la experiencia que se tiene del pasado; predicciones que, tarde o temprano, se vendrán abajo tras la aparición imprevista de un “cisne negro”.

Por lo tanto, la teoría del “cisne negro” se basa en cualquier acontecimiento inesperado, que nadie ha sido capaz de predecir por su improbabilidad, que ocurre afectando de una manera muy importante y que, posteriormente, se busca una explicación de por qué ha sucedido determinando que se habría podido evitar. Esta teoría tiene su hogar preferido en la economía y en las finanzas. Lo hemos visto constantemente cada vez que ha aparecido un “cisne negro”: ha provocado un cambio notable en las decisiones y preferencia de los inversores en el corto plazo, distorsionando la evolución de los Mercados Financieros. Ante un evento de este tipo (atentado de las Torres Gemelas, el “Brexit”, la COVID-19, la guerra de Ucrania, etc.) los inversores no suelen estar protegidos, ocasionando un pánico irracional cuando se produce el acontecimiento produciendo consecuencias devastadoras para las Bolsas y hasta para los activos conservadores como refugio.

Para que un evento se considere como “cisne negro” tiene que cumplir con los siguientes requisitos:

  • Altamente improbable e inesperado. No existen evidencias de que puede suceder.
  • Genera un elevado impacto. Afecta de una manera importante a la sociedad en general.
  • Es predecible una vez ha ocurrido. Una vez que ha sucedido se tiende a explicar con razonamientos lógicos, buscando evidencias y teorías que explican por qué ha sucedido llegando a la conclusión de que se podía haber evitado.

Es decir, nadie sabe lo que va a ocurrir en el futuro, pero lo que se desconoce puede ser mucho más relevante de lo que se sabe y se puede predecir o, como diría Descartes: “Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro”.

Los Mercados Financieros buscan la estabilidad, pero cualquier acontecimiento inesperado de alto impacto suele afectar con un aumento de volatilidad en los mismos. Claro está que esto supone un riesgo, pero también una oportunidad al llevar implícita una opción no despreciable de conseguir mayores rentabilidades, aunque no recomendable para todo tipo de inversores.

La aparición de un “cisne negro” convierte al momento en una oportunidad para aquellos perfiles de inversión más arriesgados. Por lo anterior, un perfil conservador se pondrá más defensivo frente a estos momentos de nerviosismo para los Mercados, para minimizar el riesgo cuando acontezcan. Mención especial merecen aquellos inversores no profesionales que se verán muy afectados negativamente ante un suceso catalogado como “cisne negro”. Aquí, de nuevo, la educación financiera juega un papel primordial pues será el seguro que evite los errores en la gestión de las finanzas personales.

Ya se ha visto que un “cisne negro” es impredecible. Ante esto, lo único que se puede hacer es intentar protegerse de él o actuar para minimizar las consecuencias. Taleb, en su libro, comenta que se deben plantear estrategias que afronten la situación para que el impacto sea lo más limitado posible, aunque, claro está, los beneficios también serán limitados en la misma proporción.

Eso sí, todos los expertos están de acuerdo en que cualquier suceso de esta índole debe de ser estudiado en profundidad porque siempre aportará conocimientos aplicables a otros acontecimientos similares que acurran en el futuro.

Una buena salud financiera también depende de saber aprovechar las oportunidades que se presentan cuando un “cisne negro” hace acto de presencia. Pone en evidencia las estrategias de gestión de los riesgos existentes y pone sobre la mesa la necesidad de hacer un enfoque que se adapta más y mejor para abordar cualquier proceso de incertidumbre.

El inversor doméstico, sobre todo, debe hacer un esfuerzo por reconocer y comprender estos fenómenos ocasionales con el fin de proteger las carteras y potencialmente protegerse de ellos.

Las finanzas son impredecibles: ¿quién podía pensar hace unos años que el precio del dinero iba a estar en negativo durante un periodo bastante amplio de tiempo? O, mejor todavía, ¿quién iba a suponer que el precio del barril de petróleo se volviese negativo?

Contra las expectativas de aquel momento, de Vlamingh descubrió algo que no debería haber existido: un cisne negro. Era una idea bastante abstracta de un animal que no existía, según los conocimientos de una determinada gente. Para éstos, los cisnes eran blancos.

El caso es que, en los años que llevamos del siglo XXI los “cisnes negros” han sido un motivo de preocupación constante para todos los analistas financieros, por su impacto en todo el mundo y por sus efectos negativos en los Mercados Financieros Globales. Pero como buenos analistas, no se desviarán ni un ápice de su objetivo del largo plazo.

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