La inflación no siempre se
manifiesta de forma evidente en el precio que aparece en la etiqueta. En muchas
ocasiones no hay subidas visibles, no hay cifras redondas al alza ni avisos
claros. Sin embargo, el impacto existe y es real. Simplemente adopta una forma
más discreta: envases más pequeños, menos cantidad de producto o formatos
aparentemente idénticos que esconden una reducción silenciosa del contenido.
Foto by pixabay.com
Este fenómeno, conocido como shrinkflation
o reduflación, se ha extendido con fuerza en los últimos años y afecta de
manera transversal a productos de alimentación, limpieza y cosmética. El
consumidor paga lo mismo, pero recibe menos. El resultado es una pérdida
gradual de poder adquisitivo que pasa desapercibida en el día a día, pero que
se acumula mes a mes.
Detectar este tipo de inflación encubierta se ha convertido en una habilidad básica para proteger la economía
doméstica. No se trata de desconfiar de todo, sino de observar con criterio y
comprar con información.