25 de enero de 2021

Los coeficientes Alfa, Beta y Volatilidad

Los coeficientes Alfa, Beta y Volatilidad forman parte de los denominados indicadores cuantitativos cuya misión es cuantificar el riesgo de una inversión. Si bien el Alfa y la Beta son indicadores que sirven de referencia a los inversores más experimentados, no es motivo para que el inversor doméstico, particular o minorista no sepa qué función desempeñan, aunque no aporten la evolución exacta del activo financiero ya que se calculan a partir de datos históricos, en función del comportamiento que han tenido en el pasado junto a su Volatilidad.

Los tres indicadores son válidos para cualquier tipo de activo financiero: bien sea una acción, una cartera, un índice o un fondo de inversión, siendo una referencia que juntas indicarán si es recomendable o no entrar en un activo anteponiéndonos a los riesgos que se puedan contraer.

No enunciaré ninguna fórmula de cálculo para ninguno de los indicadores entendiendo que no son significativas ni representativas ya que sus valores se pueden obtener de cualquier página especializada en finanzas.


ALFA

El indicador Alfa o Ratio de Jensen mide la calidad de gestión de una cartera de valores en comparación con la evolución del Mercado o Índice al que pertenezca. Por lo tanto, mide la rentabilidad obtenida gracias a la labor especializada del gestor, sin tener en cuenta la evolución del entorno al que pertenece. Dependiendo de su valor, se podrá decir que el activo evaluado se ha portado mejor o peor que su referencia.

Por lo tanto, el Alfa, al ser un valor numérico (diferencia de rentabilidad del valor respecto a su índice de referencia), indica y cuantifica la rentabilidad adicional que obtiene una determinada cesta de activos con respecto al índice analizando y, de paso, la evolución bursátil de dicho activo.

Si el Alfa es positiva, indicará que la inversión que se ha llevado a cabo proporciona una mejora en la relación rentabilidad-riesgo que el Índice o Mercado al que pertenece. Si es negativa, la evolución del valor será peor que la del selectivo.

Con respecto a los Fondos, el Alfa sirve para juzgar si un gestor está aportando valor o no. Es decir, la rentabilidad del Fondo vendrá dada por dos conceptos: por un lado, la revalorización del propio Mercado y, por el otro, la rentabilidad que se le atribuye al gestor. Si el Fondo analizado replica un índice, poco o nada tiene que ver el Alfa.

En una cartera de acciones, el Alfa proporciona al inversor cuál deberá ser la mayor o menor rentabilidad que debe esperarse del activo con relación a lo que se espera según sea el riesgo del Mercado medido por la Beta.

En general, cuanto mayor sea el indicador Alfa, por tanto, mejor serán las expectativas en términos de rentabilidad.

BETA

El indicador Beta mide la sensibilidad de la rentabilidad histórica de un activo financiero en relación con el Índice o Mercado al que pertenece, comparando las oscilaciones que haya podido registrar. De esta forma, se puede observar cómo responde un determinado título a las variaciones de la cotización del Mercado y, así, definir si dichas oscilaciones han tenido una mayor o menor amplitud que el Índice al que pertenece.

Si la Beta está referenciada a un Fondo, medirá la sensibilidad de su valor liquidativo con respecto al índice de referencia indicando así la exposición al Mercado que está asumiendo el gestor.

La Beta puede adquirir varios valores para indicar que el precio del activo varía en la misma o diferente dirección que el Índice de referencia. Si su valor es igual a 1, indica que el activo se mueve igual que su referencia. Si su valor es mayor que 1, implica que el activo es más volátil que la referencia asumiendo mayor riesgo con respecto a los movimientos del Mercado. Y, si el valor es inferior a 1, el activo es menos volátil que la referencia y su riesgo será menor haciéndolo más defensivo. Aunque un tanto improbable, puede tomar valores negativos mostrando un comportamiento inverso a su referencia, adquiriendo el activo, en este caso, un carácter de refugio.

Si la Beta es positiva, interesa invertir en Mercados alcistas y según el perfil de riesgo del inversor. Por el contrario, en los Mercados bajistas interesa más invertir en valores con Betas negativas.

La importancia de este indicador radica en que da una visión más o menos certera del comportamiento del activo en relación con la evolución que ha tenido el Mercado o Índice de referencia.

VOLATILIDAD

La Volatilidad, que nació el mismo día que los Mercados Financieros, mide los cambios que experimentan las rentabilidades de los diferentes activos, dando a conocer el grado de incertidumbre existente y se utiliza para cuantificar los cambios aleatorios que se producen en las rentabilidades de los diferentes productos de inversión. Cuanto mayor sea la amplitud de las fluctuaciones que experimenta un activo en una gráfica, mayor será la Volatilidad y viceversa. Al medir las fluctuaciones de un activo con respecto a su media en un periodo de tiempo determinado, ayuda a cuantificar el riesgo al ser éste directamente proporcional a la Volatilidad. La variación de la Volatilidad en los Mercados Financieros se hace muy sensible ante cualquier noticia o situación anómala e inesperada que ocurra en el mundo.

La Volatilidad se asocia al riesgo con el fin de obtener una medida que lo estime. Conocer las características de riesgo de una determinada inversión es fundamental para entender su posible comportamiento futuro. Cuanto mayor conocimiento exista de la Volatilidad, mayor posibilidad de éxito existirá en la inversión del activo financiero. Cuanto mayor sea la Volatilidad, mayor será el riesgo que lleva asociado el activo. También es importante para el conjunto de la cartera del inversor debido a que cada activo tendrá características de riesgo diferentes. Tener en cuenta esta característica contribuirá a establecer una correcta diversificación. El inversor doméstico no puede, de ninguna manera, controlar las caídas de los Mercados, pero sí puede controlar el riesgo de sus inversiones porque es directamente proporcional al beneficio futuro de la inversión. Por lo tanto, no está de más recordar que buscar el equilibrio entre ambos es algo que siempre jugará a favor del inversor dejando el camino más despejado al rendimiento positivo.

La evolución de la Volatilidad vendrá dada a propósito de que una inversión sea o se realice con miras al corto o largo plazo. Me explico: una fuerte subida y bajada en un periodo de tiempo muy corto eleva el nivel de Volatilidad. Esta fluctuación les afectará a los inversores de corto plazo. Por el contrario, los inversores de largo plazo se verán afectados de forma menos abrupta porque su estrategia está pensada para que esas fluctuaciones, la mayoría de las veces inesperadas, no sean significativas ni seriamente preocupantes.

Un Mercado volátil sufre cambios bruscos de precio asociados a un alto volumen de transacciones, por lo que las variaciones del precio pueden ser imprevistas. Cuando un activo financiero tiene una alta Volatilidad es porque sus rentabilidades, en un periodo determinado de tiempo, han sido muy dispares entre sí. Si, por el contrario, la Volatilidad es baja, es debido a que las rentabilidades han experimentado unas variaciones más estables, por lo que a ese activo se le asocia un menor riesgo.

Se pueden diferenciar varios tipos:

  • Histórica. Es la variabilidad de la rentabilidad que experimenta un activo en un periodo de tiempo. Es decir, se basa en el pasado.
  • Implícita. Es la Volatilidad que se presupone que tendrá un determinado activo en el futuro, calculándose a partir de los precios actuales que tenga el activo.
  • Estocástica. Es el cambio de Volatilidad que experimenta un activo de forma incierta.
  • Determinista. Cuando los cambios de Volatilidad son nulos o los que experimenta el activo son predecibles.

La Volatilidad del Mercado es medida mediante el índice VIX, que, aunque está calculado con acciones de EE. UU., tiene mucha influencia a nivel mundial debido a la globalización de los Mercados.


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