20 de abril de 2020

Reglas básicas para invertir en Bolsa


La Bolsa, definida en el artículo 64 del Código de Comercio de 1829 como un lugar de reunión de comerciantes y agentes mediadores en donde se conciertan o cumplen las operaciones de contratación de activos mobiliarios, es un mercado donde se negocian activos financieros poniéndose en contacto empresas y ahorradores con el fin de canalizar el ahorro y la financiación de la inversión a través de una organización regulada.

Una de las formas que tienen las empresas para recaudar fondos es acudir a la Bolsa y vender activos financieros. Esta primera venta que se realiza es lo que se conoce como “Mercado Primario”. A partir de esa primera colocación de activos entre inversores y ahorradores es cuando se pueden comprar y vender libremente en la Bolsa, dando lugar al “Mercado Secundario”, permitiendo a las personas físicas o jurídicas rentabilizar sus ahorros comprando en la Bolsa los diferentes activos financieros que emiten las empresas. A su vez, la Bolsa ofrece la posibilidad a los inversores de hacer líquida su inversión en el momento que lo deseen, a un precio objetivo según el valor que les confiere el propio Mercado.



Introducirse en el mundo bursátil no es demasiado complicado, pero sí se necesita una cierta cultura financiera. El movimiento bursátil, en general, y el activo financiero, en particular, es impredecible su evolución porque hay que pensar en el futuro, y el futuro es incierto por desconocido. Una mala inversión provocada por una mala decisión o una peor gestión pueden llevar al traste la solvencia financiera de cualquier ahorrador. Para evitar que esto ocurra, hay una serie de reglas básicas que deben de ser conocidas antes de adentrarse en el maravilloso mundo de la inversión en Bolsa.

La Bolsa no es un juego. Quizás se use con demasiada frecuencia la expresión de “jugar a la Bolsa” cuando la idea que se quiere expresar es que se está invirtiendo en ella. Si la inversión se toma como un juego, cuya esperanza matemática es negativa, las pérdidas aparecerán de inmediato. Es cierto que a veces la suerte se pone del lado del inversor, pero no siempre es así, no existen los milagros; más que nada, porque al otro lado del terminal de contratación están los mejores inversores sin ningún tipo de escrúpulo.

Invertir únicamente el dinero que no se va a necesitar en el corto plazo. Siempre hay que disponer de un fondo de reserva para atajar un gasto que surja de forma inesperada, porque si para resolverlo hay que acudir a la Bolsa en busca de liquidez, deshaciendo parte de la cartera, es posible que se esté vendiendo en el momento menos propicio. La inversión en el Mercado Bursátil, que no es una ciencia exacta, no garantiza beneficios: habrá momentos de pérdidas debido a las turbulencias propias del Mercado o porque la inversión haya sido errónea. Por eso, nunca se debe invertir el dinero que proceda de un préstamo, ni tampoco el dinero que su pérdida provoque un compromiso en las finanzas personales.

No dejarse llevar por la euforia. En ocasiones, las cotizaciones aumentan de precio por el simple hecho de que están de moda o por expectativas futuras sin fundamentos reales. La euforia provoca comprar basándose únicamente en que el precio del activo es bajo o vender porque el precio es alto, sin pensar que el precio bajo puede dar lugar a precios más bajos todavía o precios altos pueden convertirse en más altos aún.

Ir a favor de la tendencia. Anticiparse al cambio de la tendencia de un valor no es recomendable porque la inercia del Mercado es muy poderosa, propiciando el riesgo del fracaso. El propio sentimiento del Mercado es capaz de llevar las cotizaciones de una empresa más allá de la lógica. Ninguna cartera permanece inmune a los efectos causados por quienes tienen el poder de mover los Mercados.

No es necesario estar siempre invertido. Mantenerse en liquidez también es una forma de estar invertido. Sólo hay que tomar posiciones cuando la situación del Mercado así lo requiera. Reducir al máximo la rotación de los activos que componen la cartera minimiza sustancialmente los costes de gestión.

Dejar correr las ganancias y cortar las pérdidas. Es un error muy común entre los inversores menos avezados vender en cuanto ven algún beneficio y dejan correr las pérdidas, creyendo que en algún momento el precio se dará la vuelta y entrarán en plusvalías. Todo lo que cae no sube sin motivos aparentes, es más, no materializar las minusvalías y reconocer el error en la inversión suele dar lugar a mayores pérdidas. Está comprobado psicológicamente que la satisfacción que producen los beneficios es inferior al disgusto que acarrean las mermas. Controlar las pérdidas significa que existe un límite en el que se pueden asumir para tener un margen de recuperación en la siguiente operación. El interés compuesto, añadido al paso del tiempo, permitirá conseguir una mayor rentabilidad. Nunca un activo que está en posición ganadora puede dar lugar a una posición perdedora.

No promediar a la baja. Cuando se está perdiendo en un valor no es aconsejable comprar más títulos con el fin de que el promedio dulcifique las pérdidas. Cuando un valor está bajando nada indica que se dé la vuelta en breve, por lo que incidir en comprar más acciones del mismo valor es generar nuevas mermas. Si un valor ofrece minusvalías latentes es mejor deshacer la posición, reconocer el equívoco e irse a otro con mejores perspectivas.

Es prácticamente imposible comprar en mínimos y vender en máximos. En Bolsa solo dios y los mentirosos son capaces de comprar en mínimos y vender en máximos. Los suelos y los techos no son lugares de especulación hasta que el Mercado no los confirme, ya que el precio no permanecerá mucho tiempo en esos extremos.

Prudencia, paciencia y disciplina. Una mala inversión siempre está al acecho del inversor. Ser prudente, tener paciencia y ser disciplinado con las decisiones de inversión es una batalla ganadora.

El criterio de una inversión no puede ser el rumor. Invertir sin información y sin conocimientos financieros, para hacerlo únicamente con el rumor o simplemente copiar la inversión de otro inversor, suele ser contraproducente. No se recomienda invertir en lo desconocido, se deben hacer los deberes antes de arriesgar el ahorro. “Wall Street es el único lugar en el que la gente que viaja en Rolls Royce recibe consejos de los que viajan en metro”. La formación es el mejor aliado para tener un sistema de trabajo que permita obtener beneficios recurrentes.

Disponer de un método de inversión. Invertir con un sistema específico da muchas más opciones de éxito que si se acude al Mercado sin él. Un método, aunque esté sumamente contrastado, también generará en momentos puntuales pérdidas, pero serán cuánticamente inferiores a las veces en que se acierta. El método será aplicado con suma disciplina como si de un mecanismo de reloj suizo se tratase. Esto quiere decir que es necesario disponer de un plan de inversión previamente preestablecido: si ese plan ha llevado al error, no pasa nada, se deshace la posición inicial y se reconoce la equivocación. Se trata de obtener beneficios en cuantía superiores a las pérdidas, no hay otro secreto para el éxito. Los aciertos y los errores forman parte del negocio de la Bolsa.

Una acertada diversificación reduce considerablemente el riesgo. Una forma de reducir el riesgo de la cartera es dotarla de valores que tengan poca correlación entre sí. Esta regla se explica muy bien teniendo en cuenta la máxima que dice: “no poner todos los huevos en la misma cesta”. El control del riesgo es imprescindible, de tal forma que será necesario adecuarlo a lo que se considera tolerable en las diferentes etapas por las que atraviesa el Mercado a lo largo de la inversión planteada. Balancear adecuadamente el riesgo es fundamental para no acarrear pérdidas debidas a una mala planificación. Los primeros pensamientos irán enfocados hacia lo que se está dispuesto a perder para luego pensar en lo que se puede ganar.

En Bolsa no solo cotizan las compañías más grandes y más conocidas. Los valores con más capitalización y los más conocidos no siempre son los mejores para invertir. Hay multitud de compañías que cotizan a unos ratios muy favorables para el ahorrador y que se deben de tener en cuenta también a la hora de formar la cartera.

Huir de los valores especulativos. Los valores especulativos, de la misma forma que puede generar grandes beneficios en cortos periodos de tiempo, pueden generar grandes pérdidas irrecuperables en también breves espacios de tiempo.

Hacer un seguimiento continuado de la inversión. Un seguimiento periódico de la cartera es producente. Invertir no es comprar un valor y dejarlo ahí creyendo que tarde o temprano dará sus frutos. La historia ha demostrado con creces que lo invertido no siempre se recupera y, en caso de que se consiga recuperar, se han dejado pasar multitud de oportunidades de inversión. El seguimiento pormenorizado de la cartera se consigue teniendo adecuadamente actualizadas la formación y la información.

Utilizar herramientas apropiadas. Es necesario tener al menos las mismas herramientas de trabajo que utilizan los profesionales. Con ellas se obtendrán los análisis necesarios para decidir o no qué valor en el más idóneo. Invertir usando la parte emocional puede resultar útil en alguna ocasión, pero lo habitual será que no. Las decisiones en Bolsa se toman desde el lado racional combinando las metodologías del Análisis Fundamental y el Análisis Técnico.

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